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Sin separación de poderes es imposible luchar contra la corrupción

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Congreso de los Diputados. Foto de archivo

Desde el 15M han surgido movimientos o plataformas en contra de la corrupción. Se han convocado manifestaciones y ciclos de conferencias denunciando ésta. En medio de todo ello han aparecido dos partidos políticos, Ciudadanos y Podemos, que en gran medida han canalizado el malestar social que provoca el tráfico de influencia, la malversación de fondos públicos, el fraude fiscal, la financiación ilegal de los partidos, el pago de comisiones ilegales, etc.

En estos dos nuevos partidos hay dos tipos de votantes. Uno es el oportunista, aquél que no tiene ideales y sólo le preocupa su interés personal. Es decir, aquél que seguirá votando a Podemos o a Ciudadanos aunque se corrompan más siempre que le siga beneficiando a nivel personal, ya sea porque tiene un cargo o pueda percibir una ayuda económica. El otro tipo de votante es el ingenuo, esa persona que honestamente quiere luchar porque en España desaparezca la corrupción. Es éste quién me preocupa, ya que es ingenuo en tanto aún cree que desde dentro del sistema puede combatirse este problema.

La lucha contra la corrupción no puede recaer únicamente sobre la confianza que se tenga hacía un político o un partido concreto. Ello es extremadamente insuficiente, ya que los políticos no son ángeles. Sus ambiciones deben ser vigiladas a través de una efectiva separación de poderes. En España es evidente no que no existe tal, tan sólo separación de funciones, al igual que en el franquismo. Los políticos hablan como si hubiera separación de poderes y los grandes medios de comunicación a su servicio repiten la misma propaganda. Pero esto es un ejercicio de cinismo, ya que la Constitución no reconoce tal separación de poderes. Los miembros del Consejo General del Poder Judicial son elegidos por senadores, diputados y el Gobierno. No hay elecciones separadas entre el poder Legislativo y el Ejecutivo. La constitución de este último necesita la aprobación del anterior. Un Gobierno cuyo partido tiene mayoría absoluta tiene en su mano los tres poderes.

La segunda causa de tal elevado nivel de corrupción tiene que ver con el sistema electoral proporcional de listas, existente en nuestro país. Éste no es representativo, ya que la elaboración de listas por los jefes de los partidos políticos suprime cualquier influencia que el elector pueda tener sobre el elegido. Los miembros de las listas se deben a su jefe en tanto éste les ha puesto en la lista. Ello se demuestra cuando incumpliendo la propia Constitución, los diputados votan una ley siguiendo el mandato imperativo o las órdenes de las direcciones de sus respectivos partidos. Todo lo contrario ocurre en Estados Unidos, Francia, y Reino Unido, donde los candidatos a diputados o congresistas son elegidos por un distrito de electores, no por el jefe del partido (sistema mayoritario uninominal). De tal manera que si incumplen el programa con el que se han comprometido frente al distrito, éste puede revocar por mayoría a sus diputados. En este sistema, sin listas electorales, se evita que el elector tenga que esperar a nuevas elecciones. En España lo normal es que con este sistema proporcional de listas de partidos se incumplan los programas electorales.

Hace unos años unos investigadores de la Universidad de Las Palmas cifraron el coste social de la corrupción en aproximadamente 40.000 millones de euros anuales. Esta cantidad es insuficiente, dado que sólo el Estado autonómico supone un despilfarro anual de 100.000 millones de euros. Las comunidades autónomas se crearon exclusivamente para enchufar a centenares de miles de parásitos vinculados a los partidos y a los dos principales sindicatos. La corrupción moral de Iglesias y Rivera ya se ha manifestado en su defensa de las autonomías.

No es de extrañar que Podemos y Ciudadanos estén intentando llegar a un acuerdo para que el sistema electoral de listas sea aún más proporcional. Una vez más queda patente que priorizan su interés de partido por encima del de la nación española. Se les llena la boca hablar de democracia, pero o bien ignoran lo que es o no están de acuerdo con implantarla en España.


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Sebastián Núñez
Aprendiz de la economía. Lector nocturno y aficionado al deporte.

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