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Solo una nueva crisis resucitará el populismo

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La diferencia entre las previsiones y el crecimiento real de la economía en Europa son aún mayores que las de Estados Unidos. El crecimiento económico de estas dos grandes economías influye positivamente en los mercados de las economías emergentes, aunque haya probables subidas de tipos de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos (EE. UU.).

Las crisis financieras sistémicas provocan recesiones profundas y prolongadas en el tiempo, con períodos de entre 6 y 8 años de crecimiento muy lento.

Todavía subsisten problemas sin resolver, como la debilidad de los bancos en Europa, el exceso de endeudamiento público y una regulación financiera especialmente laxa en Europa. Sin embargo, lo peor ya ha pasado. Al menos hasta pasado el año 2020. Hasta donde se prevé que el crecimiento será sostenido.

Ni siquiera los hipotéticos gobiernos populistas en algunas economías avanzadas (como en el caso de Francia o Italia) podrían invertir la tendencia y recuperación del crecimiento.

Todo gobierno populista se caracteriza principalmente por dar soluciones simples a problemas extremadamente complejos. Desde una perspectiva considerablemente naíf.

En nuestro país, los pasivos en circulación (deuda total) cayeron en casi 12.000 millones entre los dos últimos trimestres del año 2016, según el Banco de España. En palabras del ministro Montoro se ha cumplido con el objetivo de déficit. Existe creación de empleo público y privado sostenido. El incremento de las exportaciones y la competitividad (en gran medida como consecuencia de la bajada de salarios), pone de relieve la tendencia positiva de crecimiento económico. Muy mal debe hacerlo el Gobierno para que la economía española deje de crecer.

En el reciente encuentro entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, en su residencia de invierno en Florida, el presidente de EE.UU. ha tratado de convencer a China de abrir su economía a las exportaciones estadounidenses. Ésta es, sin duda, una de las mayores paradojas económicas de la historia contemporánea. China tiene abiertas todas las fronteras de sus socios comerciales para sus importaciones, pero por el contrario no abre su economía a las exportaciones extranjeras (proteccionismo unilateral). No obstante es probable que Jinping le preguntase sobre si se retirará o no de los acuerdos de libre comercio transfronterizos.

Cualquier arancel futuro propuesto por el Gobierno de Trump sería vetado por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La batalla encarnizada de las restricciones y políticas arancelarias a las importaciones de productos de uno y otro país hace interesante enumerar los límites de China a las exportaciones estadounidenses. Por ejemplo, las limitaciones del cine estadounidense en China. El volumen del comercio bilateral de servicios está por debajo de su potencial, en gran parte debido a las restricciones y limitaciones existentes para la prestación de determinados servicios por empresas extranjeras, como es el caso de los servicios legales, financieros, educativos, agencias de viajes.

Con la globalización el poder eminente de EE. UU. se va perdiendo año tras año. Por ello hoy en día cualquier política proteccionista por parte del Gobierno de Trump sería vetada también por China.

Si Trump convence a China de abrir su economía a las exportaciones estadounidenses, se podrá decir que logró algo. Pero si su plan es una retirada unilateral de Estados Unidos del comercio internacional, conseguirá destruir empleo en EE.UU.

Tras las derrotas de los partidos populistas en Europa (Austria, Países Bajos) se reduce la posibilidad que en las próximas elecciones en Alemania, Francia o Italia venza el populismo. Por ello la posibilidad de una desintegración de la Unión Europea es cada vez menos probable.

En Francia las encuestas de opinión dan una victoria al candidato Emmanuel Macron sobre Le Pen en la segunda vuelta (7 de mayo). Melenchón va tercero en las encuestas y su programa en parte es igual al de Le Pen.

Las elecciones generales en Italia serán dentro de un año (primavera de 2018). La situación económica es peor en Italia que en Francia. En Italia todavía no se ha solucionado el problema del banco Monte dei Paschi di Siena. El candidato populista Beppe Grillo está primero en las encuestas, se prevé que consiga más del 30% del voto popular. La deuda pública italiana es cada vez mayor (más del 140% del PIB). Aunque el futuro de Italia sea oscuro, el crecimiento económico de sus principales aliados (España, Francia, Alemania) y la fortaleza del euro relanzará la economía italiana más pronto que tarde.

La supervivencia de los gobiernos y partidos populistas está a merced del rápido crecimiento económico de Europa y Estados Unidos.

En el libro La macroeconomía del populismo en América Latina los investigadores Sebastian Edwards y Rudiger Dornbusch definen los pilares del populismo económico: 1) aumento de los ingresos; 2) redistribución de los ingresos; 3) los riesgos de la financiación de la deuda pública y el déficit; 4) la reestructuración de la economía; 5) la reactivación de la economía en base a más gasto público. De hecho afirman que el populismo económico surge y se hace fuerte cuando los políticos y los ciudadanos muestran su descontento generalizado con la marcha de la economía y la destrucción de empleo.

Aprendiendo unos de otros, las economías europeas pueden salvarse del populismo económico y, por lo tanto, de los políticos populistas, que harían cosas aún peores a medio y largo plazo.


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Javier C. Salazar

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