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¿Coronavirus o virus del miedo y la confusión?

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Todos los años hay virus, y no se genera el pánico que se está generando con este nuevo coronavirus. Con éstos hemos aprendido a convivir. El SARS-CoV-2 tiene la particularidad de que su carga viral es muy alta, pero su tasa de letalidad está por debajo del 1%. Por tanto, el confinamiento de la población está injustificado. ¿Por qué no se protegió a la población más vulnerable desde enero, especialmente a los ancianos en residencias? A esta pregunta deberían responder los Gobiernos regionales de la Comunidad de Madrid, Cataluña, Castilla La Mancha y Castilla León. Pero también el Gobierno central, que asumió el mando único desde la declaración del estado de excepción encubierto. Más del 70% de los muertos, supuestamente por Covid-19, se han producido en residencias de mayores, la mayor parte en dichas comunidades autónomas.

El remedio ha sido peor que la enfermedad. Más de 100.000 pymes han quebrado, más de un millón de autónomos han cesado su actividad y el paro ya supera el 30% de la población activa. Hay que pecar de optimista para pensar que la economía se recuperará rápidamente, cuando finalice el mal llamado estado de alarma. Las previsiones económicas son cada vez peores.

La paralización de la recaudación de todos los impuestos y la inyección de liquidez a pequeñas y medianas empresas habrían reducido el impacto de la crisis. La caída de ingresos debía compensarse con la reducción drástica del gasto político. Algo a lo que evidentemente, este desgobierno, principal peligro público, se opone. Tienen a centenares de miles de correligionarios enchufados en empresas y administraciones públicas.

Por otra parte nos encontramos con las contradicciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En febrero restaron importancia al uso de las mascarillas, para más tarde recomendarlas. Llegaron a afirmar que el virus no se transmitía a través de objetos, y en 48 horas rectificaron. Hace unas semanas María Neira aseguraba que se había rebajado muchísimo la tasa de transmisión del virus, cuando en algunos países de América estaba supuestamente en ascenso. Estas contradicciones las ha puesto en evidencia el doctor José Miguel Gaona en su canal de Youtube, La Reunión Secreta. Me cuesta creer que se deban las mismas a errores de comunicación. Es gravísimo que la principal autoridad sanitaria del mundo, la OMS, suma a la población en un confusión total. Es más difícil salir de la misma que del error.

Con relación al número de muertos en España, nos podemos hacer una serie de preguntas inquietantes, ¿cuańtos ancianos han fallecido víctimas de la soledad, el pánico o la depresión? Hay que tener un cuenta que muchos tenían patologías previas, y por tanto, un sistema inmunológico muy débil. ¿Cuántos mayores han muerto por no ser atendidos en hospitales o por ser desatendidos de las enfermedades que ya arrastraban? Sin apenas autopsias es muy complicado determinar que hayan muerto directamente por el virus, simplemente por dar positivo en la PCR o por haber tenido síntomas previos. Con respecto al supuesto colapso de algunos hospitales, ¿en qué grado se hubiese evitado con medidas previas de prevención?

El miedo y la confusión parecen haber jugado un importante papel en esta crisis. Es inquietante el discurso de Pedro Sánchez el 22 de abril en el Congreso. Aseguró que la emergencia mundial tenía como objetivo implantar el teletrabajo, nuevas formas de consumo y producción compatibles con el cambio climático, la digitalización de la educación y “el cambio hacia formas de gobernanza mundial”. En la misma línea se pronunció la ministra portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, el uno de mayo: “tenemos que fortalecer el estado del bienestar, apoyar el tejido productivo, aumentar la apuesta por la ciencia y la investigación, y avanzar en un cambio de modelo productivo, que permita que España se posicione como una economía dinámica, fuerte en este nuevo orden mundial”.


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Sebastián Núñez
Aprendiz de la economía. Lector nocturno y aficionado al deporte.
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