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El futuro de Grecia y de Alexis Tsipras en juego

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Si Grecia llegara a una situación de impago de la deuda, Francia y Alemania asumirían una perdida cercana a los 160.000 millones de euros, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Toda medida política y económica que implemente el primer ministro heleno deberá ser ejecutada como máximo en 14 trimestres, hasta una nueva convocatoria de elecciones a finales de 2018 o a principios de 2019, y deberá arreglar los problemas que sufre la sociedad griega. Para ejecutar dichas políticas y medidas económicas deberá contar con la financiación necesaria, solo así podrá llevarlas a cabo en tiempo y forma.

Alexis Tsipras tiene tres opciones: 1) Aceptar la oferta final de los acreedores; 2) Abandonar la zona euro; 3) Convocar elecciones anticipadas.

El gobierno griego al aceptar la oferta tendría que ejecutar un ajuste fiscal del 1,8% de su Producto Interior Bruto (PIB) en dos trimestres, según afirman algunos consejeros del Banco Central Europeo, lo que supone reducir el gasto público porque la recaudación del fisco heleno no crecerá. Lo que conllevaría a reajustar las previsiones de crecimiento de la economía helena.

Muchos analistas afirman que aceptar las condiciones de la troika repercutiría negativamente en la economía griega y supondría el fin de la carrera política de Alexis Tsipras, suponiendo a priori un decrecimiento acumulativo del PIB cercano al 10% hasta las elecciones helenas, en el caso de que el primer ministro heleno cumpla la totalidad de su mandato. La relación deuda-PIB griega sobrepasaría el 190%.

Según Olivier Blanchardl, el economista jefe del FMI, Grecia debería incrementar la carga impositiva -subiendo el IVA- y recortando las pensiones, para alcanzar un superávit presupuestario primario que le permita hacer frente a los pagos de la deuda. Las pensiones y los salarios públicos representan el 75% del gasto primario, por lo que Blanchardl recomienda una reducción de las pensiones del 1% del PIB.

Por otro lado, Grecia podría optar por salir del euro. La primera razón es que así ya no tendría que hacer frente a los ajustes fiscales exigidos por la troika. Grecia impagaría a todos los acreedores oficiales: FMI, Banco Central Europeo (BCE) y European Stability Mechanism -integrado por los países miembros de la eurozona, entre ellos España cuya aportación directa e indirecta mediante préstamos bilaterales a través del BCE y el FMI sobrepasa los 32.000 millones de euros-. Pero si devolvería los préstamos privados de sus acreedores internacionales con el objetivo estratégico de recuperar el acceso al mercado financiero unos años más tarde.

La segunda razón es una reducción del riesgo. Después de la salida de Grecia del euro, nadie tendría que temer un riesgo de redenominación de la moneda. Y la posibilidad de un impago de la deuda absoluto se reduciría significativamente. Grecia ya podría pagar a sus acreedores oficiales y estaría en condiciones de recuperar la confianza entre los inversores privados.

La tercera razón es el impacto en la posición externa de la economía griega. A diferencia de las pequeñas economías del norte de Europa, Grecia es una economía relativamente cerrada. Aproximadamente tres cuartas partes de su PIB es doméstico. La cuarta parte de su PIB viene del turismo, que se beneficiaría de la devaluación de la divisa helena. Grecia al no ser típicamente una economía abierta, como puede ser el caso de la economía española, el efecto total de la devaluación no sería tan beneficioso como podría ser para España. De los tres efectos, el primero es el más importante en el corto plazo, mientras que el segundo y tercero dominaría en el largo plazo.

La salida de Grecia del euro presentaría una serie de dificultades para el ministro de finanzas heleno, sobre todo en el muy corto plazo. Una introducción repentina de una nueva divisa sería caótica. El gobierno podría tener que imponer controles en los flujos de capital y cerrar las fronteras. La devaluación del PIB y las pérdidas acumuladas en un año serían considerables, pero después de que la situación se estabilizase y el caos desapareciese la economía griega comenzaría a recuperarse rápidamente debido a la competitividad de su nueva moneda.

Algunos griegos tienen razones suficientes para preferir la salida de Grecia del euro. Esto, sin embargo, no será una opción que se tome en el mes de junio, pero conforme pasan los días y el acuerdo no llega, se incrementan las probabilidades de que tengan lugar tales acontecimientos. La elección está entre aceptar o rechazar la oferta de los acreedores. La salida de Grecia del euro (Grexit) es una consecuencia posible pero no segura, de este último.

Si Tsipras rechaza la oferta y no se le prolonga el plazo -el 18 de junio se celebró la reunión de ministros de la zona euro- acabaría por no pagar amortizaciones de deuda en julio y agosto. En ese momento Grecia todavía estaría en la zona euro y sólo se vería obligado a salir del euro si el BCE redujera el flujo de liquidez a los bancos griegos en el mercado primario de dinero por debajo de un límite tolerable. Que puede suceder, pero no es un escenario inevitable.

Si Grecia saliera del euro, los acreedores de la deuda griega acabarían reuniéndose con el gobierno heleno para negociar una quita de la deuda. Sólo cabría considerar esta posición después de que Grecia saliese del euro. Si Grecia entrara en default (en situación de impago de la deuda), Francia y Alemania perderían 160.000 millones de euros. Angela Merkel y François Hollande serían los grandes perdedores, ya que no habrían conseguido negociar correctamente velando por los intereses de los alemanes y franceses respectivamente. Los acreedores rechazarían desde un principio sentarse a negociar una quita de la deuda helena, pero más tarde se verían obligados a negociar, puesto que el gobierno griego amenazaría con el inicio del default sobre la deuda griega. Si negocian, todo el mundo se beneficiaría. Grecia permanecería en la eurozona, ya que el ajuste fiscal al servicio de una menor carga de la deuda sería más tolerable y los acreedores podrían recuperar parte de su dinero prestado. De lo contrario tendrían que asumir la pérdida de la totalidad de su dinero.


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Javier C. Salazar

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