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Cataluña, el eterno intento de spin-off

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Una spin-off se define como el departamento de una empresa que pasa a convertirse en una empresa ajena a la que inicialmente pertenecía.

España es como una gran empresa que pertenece a sus ciudadanos. Dentro de ella hay un departamento muy importante, Cataluña, cuyos líderes políticos gozan de la fascinación de otras regiones como Baleares, Valencia, parte de Aragón, así como de la simpatía otros jefes de departamentos como los de Navarra, País Vasco, Galicia y Canarias. Además los jefes de Cataluña (departamento con muchos empleados habilidosos) habían gozado de un maravilloso modelo de negocio que consistía en pactar con los débiles líderes de la empresa para obtener privilegios y ventajas económicas dentro de la empresa con la esperanza de gozar de un estatus especial como Navarra y País Vasco (departamentos que parecen empresas asociadas al resto de España). Eran tiempos dorados cuando rara vez se hablaba de comisiones del 3% cobradas indebidamente. Este modelo de negocio quebró cuando un grupo de “ciudadanos” los sustituyó para apoyar al gobierno del presidente de la empresa.

En esta situación, los jefes catalanes, al margen de los estatutos de la empresa y de la voluntad de muchos de sus empleados, han decidido que tienen que dejar la empresa con todos los recursos del departamento y, sin previo acuerdo de la junta general de accionista de Madrid. Se quejan de falta de financiación y usan un montón de publicidad engañosa y victimista, dicen sentirse como un “cajero automático”, con la que venden su forma de actuar. En Madrid hay empleados que han avisado durante años que salirse así de la empresa es un robo de dinero y de derechos. ¿Cómo puede ser que a pesar de las advertencias, los jefes del departamento catalán aún digan que quieren irse? Todo se resume en su peculiar estilo de administración. A lo largo de años el departamento catalán impuso un centro de formación con el que conseguir empleados de obediencia inquebrantable (incluso si el departamento decía maldades del resto de España). Han seleccionado el personal para puestos directivos en función de sus prioridades, evitando cualquier desacuerdo (razonable o no), pagando buenos sueldos e imponiendo clausulas de confidencialidad y protección de datos (hablar de lo malo de los jefes del departamento puede llevar a la cárcel a más de uno).

Actualmente el jefe de la empresa no sabe si diluir este departamento tan rebelde, cambiar al jefe de esta sección, dejar que la “vox” del pueblo se haga valer en los tribunales o negociar más privilegios con los jefes del departamento. Para colmo, el presidente de la empresa es cuestionado porque algunos de sus colaboradores cercanos han malversado fondos de la empresa.

La empresa, España, tiene un servicio de orden mal remunerado a pesar de su enorme lealtad. Y el servicio de seguridad del departamento catalán está bien pagado pero sus miembros viven con el corazón partido.

Mientras algunos, con más audacia que preocupación real por la empresa, están pensando que en la junta de accionistas “unidos podemos” cambiar de presidente bajo el principio de “a río revuelto ganancia de pescadores”, mientras planean sustituir las cuentas de la empresa por cuentos de hadas y describir a los discrepantes con películas de terror.


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Rafael David Fernández
Periodista y Economista, en búsqueda de la verdad y las fronteras de lo posible.

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